Imagen utilizada con permiso de la artista Katie M. Berggren.

HISTORIAS DE PARTO: Alejandra Méndez dando a luz. Relato de un parto en casa en Reñaca

El nacimiento de Lila Magaña Méndez, en "Blowing in the Wind". Reñaca
Por: Alejandra Méndez




Tuvimos la maravillosa experiencia de ver nacer a Lila, nuestra segunda hija, en nuestra propia casa.La noche anterior al parto comencé a perder líquido amniótico, pero después de varias horas no tuve contracciones. A la mañana siguiente llegó la Paula, una de nuestras matronas, y nos dijo que, de no empezar las contracciones pronto, tendríamos que ir a la clínica (algo que queríamos evitar a toda costa) a hacerme  una inducción.
Afortunadamente, ella venía preparada: había traído sus agujas de acupuntura y después de tan sólo unos minutos de tratamiento comencé a sentir contracciones bien definidas. Para asegurarnos de que éstas continuaran, le pedimos a Estela, nuestra hijita de 4 años, que se recostara a mi lado a tomar pecho un ratito. Eso produjo varias contracciones mucho más fuertes, y entonces empezamos a preparar todo¡Estabamos felices de no tener que partir a la clínica!
El espacio que ocupamos fue la cocina, ya que nuestra casa está en construcción, y era el único lugar más privado y con agua. Despejamos un poco, llevamos un futón y le pusimos una colcha vieja y limpia encima, y ambientamos con música y velitas. Estar en ese ambiente tan conocido y tan íntimo para mi fue fundamental. Realmente creo que en una clínica no hubiera podido entregarme plenamente a mi proceso, porque me hubiera sentido observada, cohibida, incapaz de soltarme y a la defensiva. 

Todo fue bastante rápido, pero muy intenso. A medida que iba avanzando el trabajo de parto, fui entrando en una especie de trance en el que todo a mi alrededor se iba poniendo más y más lejano. 
Sentía a la Paula a mi lado, masajeando mi espalda para ayudarme a aliviar el dolor, a veces tomándome la mano; también sentía a Coloro, mi pareja, haciendo cosas alrededor, pero era como si no los viera, como si estuviéramos en realidades paralelas. Sin embargo sabía que ellos estaban cien por ciento dedicados a cuidarme, y yo me sentía en total confianza, entregada a su ayuda, sin inhibiciones. De pronto sentí también que llegaba Angélica, la segunda matrona que venía a ayudar en el parto, pero apenas pude saludarla desde mi estado alterado de conciencia.

Sentí que se acercaba el momento, y mi cuerpo fue por sí solo encontrando la posición en la cual finalmente me quedaría para dar a luz. Siempre había pensado hacerlo sentada o en cuclillas, pero en ese momento para mí lo más cómodo fue hacerlo semirecostada, con Coloro sujetándome firmemente desde atrás, por las axilas. Realmente no podía con mi propio peso, además de todo el esfuerzo necesario para pujar; agradecí enormemente el haberlo tenido junto a mí, dándome todo su apoyo, sujetándome con toda su fuerza y diciéndome "vas muy bien, ¡sigue!". Definitivamente me enamoré más de él, y tal vez de una nueva manera, después de esta experiencia tan potente y maravillosa que compartimos.

Cuando Lila estaba próxima a asomarse fue para mí el momento más intenso. Me sentía como un animal pariendo con toda su fuerza, entregada a mi instinto. Desde una lejana parte "civilizada" de mi misma tenía conciencia en ese momento de los sonidos que salían de mi sin ningún control, y me impresioné de estar en ese estado, tan salvaje y primitivo. Escuchaba a los tres alrededor mío  diciéndome "¡con toda tu fuerza hacia abajo! ¡Empuja!" y recordaba la imagen de un gesto que había hecho Angélica con los brazos abiertos y las manos empuñadas, expresando que la fuerza que tenía que hacer era total. Esa imagen me ayudó muchísimo. Los tres me ayudaron muchísimo, al punto de que sé que si alguno no hubiera estado, tal vez no lo habría logrado.Una gran lección de humildad que no voy a olvidar nunca. 

La sensación más impresionante que sentí fue cuando la cabecita se asomó: sentí y "vi" un fuego en toda mi zona genital. Había leído que eso sucedía, pero de todos modos me sorprendió muchísimo. Pujé con una fuerza que no sé de dónde salió, y entonces nació Lila. Paula la puso de inmediato encima de mi pecho, y cuando el
cordón dejó de latir, Coloro lo cortó. Fue maravilloso saber que nadie se llevaría a mi hijita lejos de mi ni por un segundo, que no le meterían sondas ni la pincharían, ni la estirarían, ni nada que la hiciera sufrir. Sólo recibir el amor de su familia, y asegurar así que esas primeras horas y días de recién nacida dejaran de por vida en  ella una impronta de confianza y paz, no de temor y carencia.

Nos sentimos enormemente felices de haber tomado la decisión de parir en casa, y sobre todo, muy agradecidos por la suerte de habernos encontrado con estas matronas y su equipo, tan profesionales y tan concientes y amorosas a la vez. Era lo que estábamos buscando.



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