HISTORIAS DE PARTO: Carla Scarzella creando vida. Relato de un Parto Natural en Casa.

Carla junto a sus hijas Violeta y Aurelia


Por: Carla Scarzella

Eran casi las 9 cuando desperté con las primeras contracciones, como siempre apenas desperté violeta abrió los ojos y segundos después pregunto por su papá, le conté que había salido a correr pero que volvería pronto,  que era un día hermoso no solo porque entraba entre las cortinas un claro y puro sol de invierno,  sino porque hoy nacería su compañera de juegos y de vida, que recibiríamos hoy en nuestra casa a su hermana, y que ya no tendría que darle mas comida a mi ombligo porque la tendríamos afuera para compartirla y estar con ella.
Le di desayuno a violeta, para mí  un jarro de agua de manzanilla y hojas de frambuesa. Las contracciones se hacían rápidamente mas seguidas e intensas,  sentía mariposas que bailaban dentro mío, entraban por mi pecho y seguían a mi guata, cantamos, bailamos nos reímos, nos dimos muchos besos.  

Llamé a Camilo para avisarle que iba a parir porque comencé a preguntarme cuanto tiempo podría estar presente y sola para violeta. Camilo pregunto que hacía, yo me reí y no supe que contestar me parecía que ese día era todo demasiado simple y natural, ya no podía contestar preguntas, había despertado dentro de un viaje, en otro lugar de la vida, lleno de sensaciones nuevas y deliciosas que me inundaban cada segundo, que iba descubriendo y que era imposible de trasmitirlas hablando.  Le dije entonces que viniera relajado pero que se viniera porque necesitaba que cuidara a violeta pronto.
Cada contracción era una vocal o sonido que yo cantaba y que violeta repetía y bailaba.  Me iba cada vez más lejos,  en  un viaje de vida o de muerte,  un viaje por sobre la tierra,  pero con todo el poder de ella dentro mío. Todo se iba volviendo más intenso y  no sabía cuánto tiempo más podía estar en el mundo, ya había pasado una hora desde que había hablado con  Camilo por teléfono y todavía no llegaba, llamé de nuevo y le dije que de verdad tenía que venirse, creo que mi voz de relajo no lo convencía de que debía venir, sentía que flotaba.  Cuando  llegó eran pasadas las 11 y yo ya sentía que iba desapareciendo, me dijo que mi doula, la maca venía en camino, que iba a pasar a comprar velas, pensé que era innecesario y me dio risa. Me preguntó si llamaba a las matronas, me costaba mucho, me confundía, me daba risa,  lata y sobre todo me era muy difícil contestar preguntas,  dije que sí.  Sabía que tenían que venir,  aunque sentía que bastaba con nosotros, me sentía protegida  y segura, para mí en ese momento  no cabía nadie mas en mi cueva, Camilo violeta  y mi doula cuando fuera oportuno.
Entré en nuestra pieza y me metí a la tina muy caliente, Camilo oscureció la pieza, prendió el fuego, y traía ollas de agua caliente  para llenar más rápido la tina y mantenerla caliente.  Nuestra  pieza era un sauna, Me sentía dentro de un útero, me senté en loto y le pedí a Camilo otro jarro de agua de manzanilla,  lo que me produjo un alivio inmenso, las contracciones eran más seguidas y fuertes, había un instante entre contracción y contracción, en el que alcanzaba a  respirar profundo y  sentía un  chorro de energía que entraba por mi pecho y  me hacía temblar. Mariposas de colores brillantes en mi corazón. El agua que dentro de la tina caía justo por mi lumbar masajeaba delicadamente mi espalda, todo era deliciosamente poderoso. Las contracciones eran vocales que yo cantaba, lo que me ayudaba mucho a seguir un ritmo que me mantenía en mi trance. Cada cierto rato veía  aparecer a  mi violetita,  se reía con mis cantos y quería meterse a la tina, encontraba todo muy entretenido, estaba muy entusiasmada, Camilo le decía que mejor  lo ayudara a buscar leña para mantener el fuego, ella se iba feliz, traía tronquitos, decía ya listo, y suspiraba como si estuviera cansada.
Podía apenas contestar algunas pocas preguntas que me hacia Camilo, lo hacía desde otro planeta. Llevaba mucho rato dentro de la tina, sentí que me estaba faltando fuerza, y que tenía que salir, le dije a Camilo que me ayudara, me costó mucho, la tina me estaba absorbiendo,  me puse un poleron me senté en la pelota, todo se volvió muy intenso,  entró mi doula, le pregunté la hora, eran la una. Se recostó en mi cama y puso un sonido de agua.
Me pregunté cuanto rato mas faltaría, tuve una contracción muy dolorosa, y otra más que mojo la pelota, le apreté las manos a la maca, que se levanto y se paro frente mio, me dijo algo suavemente, me gustó  y  sentí que  bien que estuviera. Le dije que tenía que cambiar de posición,  me ayudó a colgarme de una  viga de álamo que atraviesa mi pieza, otra contracción más fuerte, le digo a mi doula que tengo ganas de pujar,  se da vuelta a lavarse las manos, no alcanza porque tiene que agarrar a mi Aurelia que viene saliendo. Pude aguantar un momento su cabecita que venía saliendo de dentro mío, y que producía un calor único, poderoso,  intenso, como subir al cielo y convertirte en montaña, la sensación más exquisita y placentera del espíritu y el cuerpo, de ser mujer. Salió con un chorro de agua, la vi hermosa, limpia, sana y llorando suavemente. La maca me ayudó a ponerla en mi guata, su cordón era muy corto y no alcanzaba a llegar a mi pecho. Yo me reía y lloraba, le decía lo hermosa que era,  la maca decía ¡Camilo nació tu hija!, Camilo estaba afuera con  violeta, parece que no escuchaba, entró como porsiacaso y puso cara de desconcierto, me ayudaron a caminar hasta la cama para no despegarme de ella, nos envolvimos, la sentí, le di muchos besos,  mi violeta se sentó al lado mío y le dio un beso también. Decidimos que había que cortar el cordón para poder ponerla en mi pecho y estar más cómodas, la maca llamó a las matronas para preguntarles  donde venían y para contarles que ya había parido. Eran la una y media. Con la lana del tejido de la maca, Camilo amarró dos extremos del cordón, y corto al medio. Me la puse al pecho y empezó a mamar.  La maca me dijo que si quería pujar lo hiciera porque tenía que salir la placenta, después de unos minutos salió, mi doula la guardo para cuando llegaran las matronas. Eran las dos y media, cuando llegaron, revisaron que todo estuviera bien. La Maca le cambió el pañal a Violeta que se fue con Camilo a plantar un canelo sobre la sombra y placenta de Aurelia. Camilo me trajo una crema de zapallo y espinacas que había preparado, se fueron todos a comer pizza al comedor. ¡Por fin solas!, nos dimos muchos besos, le di las gracias a mi niña por hacerme tan feliz. Por venir tan simple y bella, Por hacerme sentir la magia y poder de la vida bailando adentro mío. Y disfrutar de lo único y maravilloso que es ser mujer y parir sin miedo.

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